Todo comenzó el último día de agosto en La Blanca, un bar de La Farola que los ladrones visitaron de madrugada para huir con un botín de más de seis mil euros en efectivo (tenían una caja fuerte) y la plaga fue extendiéndose poco a poco por el barrio y los colindantes de La Rubia y el Cuatro de Marzo hasta sumar a día de hoy más de una docena de negocios asaltados, en su ­inmensa mayoría, por una banda ­especializada en «reventar los bombines de las cerraduras».

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