En A Zapateira, todo el mundo sabía de su existencia y de su implicación en varios robos. Todos ellos en la calle Oslo, en la urbanización Valaire. Desde hace un mes, cuando comenzaron los asaltos, los vecinos hablaban de ella como la persona que daba el soplo a sus dos compinches, que eran los que se encargaban de entrar en las viviendas. La mujer se dedicaba a pasear por la calle y controlar a los residentes. En cuanto veía que una casa quedaba vacía, avisaba a sus compañeros y ella quedaba en las proximidades por si regresaban los propietarios o aparecía la policía.

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