Isabella Stewart Gardner (Nueva York, 1840-1924) fue una de las coleccionista de arte, filántropa y mecenas más destacadas de Estados Unidos.

Hija de un acaudalado comerciante textil, tuvo la oportunidad de viajar por todo el mundo desde su infancia y conocer de primera mano distintos museos y colecciones de arte. Pronto despertaron en ella una fascinación que se convertiría en su modo de vida. A principios del siglo XX ya sumaba nombres como Botticelli , Rafael o Diego Velázquez. La colección tomó forma y el Museo Gardner abrió sus puertas en Boston.

La madrugada del 18 de marzo de 1990, el Museo Gardner sufrió el robo de trece de sus obras, valoradas 500 millones de dólares, un saqueo calificado por el FBI como «el mayor robo del mundo del arte». Hasta la fecha –y se han cumplido 30 años—, las obras no han sido recuperadas y se desconoce su paradero.

Los acontecimientos son muy interesantes. Anthony Amore, jefe de seguridad del museo, y amigo de Brand, piensa que las obras están en EE UU. Se sabe que los ladrones tuvieron una muerte violenta por otros motivos, y hubo un error humano garrafal. En un vídeo en la web del museo, Amore recuerda que un desconocido llamó la medianoche del 17 de marzo, festividad de San Patricio, patrono de Irlanda, al museo. Fuera de la hora de apertura, pero le dejaron entrar. “Una quiebra del protocolo. Los dos guardas eran unos jóvenes e inexpertos licenciados en Arte”.

Seguidamente, dos policías llegan corriendo de madrugada a las puertas del Museo Tras el esprint, como si algo grave pasara, tardan un par de segundos en recuperar el resuello. Cuando uno de ellos consigue articular palabra, avisa a los dos guardias que se encuentran en la puerta de que les acaban de dar un aviso de robo. Lo que solo saben ellos es que, en realidad, son los atracadores. La urgencia de los policías provoca que los guardias de seguridad olviden cualquier protocolo, haciéndolos entrar al museo por la puerta de empleados. Una vez dentro del recinto, en un lugar alejado de las cámaras de seguridad, los dos agentes que llegaron a la carrera revelan su verdadera identidad: reducen a los dos guardias de seguridad y los maniatan para evitar problemas, retiran su vestimenta y tapan sus caras para no ser reconocidos.

A partir de ese momento, se dedican durante 80 minutos a perpetrar el mayor robo de piezas de arte de toda la historia. ‘Solo’ se hacen con 13 piezas del museo, pero entre ellas se encuentran un cuadro de Vermeer, tres de Rembrandt —entre ellos, ‘Tempestad en el mar de Galilea’, su única pintura marina—, cinco dibujos de Degas, un paisaje de Govert Flinck, un águila de un estandarte napoleónico y un vaso metálico de origen chino. Aquella madrugada del 18 de marzo de 1990, dos ladrones cargaban en dos furgonetas todo el material y huían a la carrera. A partir de ese momento, se ha perdido de manera definitiva la pista de 13 piezas de las que nada se ha vuelto a saber.

Dónde están y quién las robó sigue siendo todo un misterio. Tres décadas después, el FBI sigue tratando de desentrañar uno de los mayores robos de la historia para poder cerrar este extraño caso. Durante varias décadas, poco o nada se supo de qué había ocurrido. No fue hasta 2012 cuando la viuda de Robert Guarente, un mafioso relacionado con el crimen organizado de Boston, confesó a las autoridades que estaba convencida de que su marido le había entregado una de esas pinturas a Robert Gentile, otro capo de Connecticut.

Las autoridades encontraron una vía de investigación, pero pronto volvieron a encontrarse con un muro. Varios tratantes de arte —algunos europeos— y otros hombres relacionados con la mafia norteamericana fueron detenidos por su presunta vinculación con el caso, pero las autoridades no fueron capaces de sacar nada en claro. Después de varias décadas de investigación, la mejor pista que recibieron fue una supuesta transacción con solo una de las obras: ni una sola pista sobre el nombre de los ladrones, el motivo del robo o el lugar donde están las piezas. A día de hoy, sigue considerado por el FBI como el robo perfecto, un caso que continúa sin resolver. En 2017, ante la posibilidad de cerrar el caso por la falta de avances en los últimos años, las autoridades federales norteamericanas anunciaron una recompensa de 10 millones de dólares —unos nueve millones de euros— para la persona que les ofreciera el paradero de las piezas. Solo unos meses más tarde, retiraban el ‘premio’ ante la ausencia de testimonios.

El museo Gardner ofrece la posibilidad de realizar un visita virtual por sus salas en las que, en la actualidad, continúan viéndose los marcos sin pinturas que fueron robados por los ladrones. ¿El motivo? El testamento de la dueña impide que se realice ningún tipo de cambio en la galería, una imagen que evoca el sueño de que algún día vuelvan al lugar del que nunca debieron salir las 13 obras robadas. Tres décadas después, qué pasó aquel día sigue siendo un misterio.

El FBI tira del  hilo de Robert Gentile, un mafioso octogenario encarcelado por tráfico de drogas y venta de armas. Piensan que tuvo en sus manos al menos dos cuadros, aunque no estuviera involucrado en el robo. El tipo dice que no y, la verdad, no tiene nada que perder. Si tiene alguna pista, sepa que hay 10 millones de dólares de recompensa.