En julio de 1976 tuvo lugar el atraco más importante de la Historia que tuvo como protagonista a Albert Spaggiari, al que se le ocurrió la brillante idea de robar uno de los bancos más grandes de Francia, la sucursal de Societe Generalé en Niza, utilizando el sistema de alcantarillado de la ciudad para acceder a la cámara del Banco.

El cerebro de la operación llevó su idea a la Mafia local con la intención de buscar ayuda, pero se opusieron a su descabellado plan y se propuso crear una organización delictiva propia. Reclutó a 20 personas, cada una de ellas especialista en su campo incluyendo a un experto en joyería para saber lo que realmente merecía la pena llevarse cuando entrasen en la cámara y un experto en la construcción de túneles.

Después de un año haciendo planes, se metió junto a su banda bajo tierra literalmente. Durante 3 meses construyeron un túnel en las alcantarillas de Niza que llegaba hasta la pared subterránea del Banco, arrastrando un equipo que pesaba más de una tonelada. Avanzaban dos metros al día, y cuando finalmente llegaron, un viernes, todavía les quedaba por atravesar una gruesa pared de cemento para entrar en la Cámara acorazada. Todo estaba programado para el puente del Día de la Bastilla de aquel año 1976, del viernes 17 al domingo 19 de julio. La última jornada, sin posibilidad ya de retrasos, tuvieron que abrirse camino a pico y pala a lo largo de 16 horas sin descanso hasta llegar a la cámara. El resto fue fácil. Tenían tres días por delante. Abrieron el agujero a mano y no accedieron al interior hasta la tarde del día siguiente.

Cualquier otro delincuente al ver que ya estaba dentro, la hubiera desvalijado cuanto antes, pero Spaggiari no era un ladrón cualquiera. Había llevado comida para sus hombres y, allí mismo, tomaron un refrigerio a base de vino y patés. Finalmente, los ladrones dejaron atrás las sobras de su “picnic” y la mayor parte de las cajas de seguridad del Banco, pero lo que se llevaron y como se lo llevaron también hizo historia.

Tras soldar desde el interior la puerta de la Cámara acorazada para asegurarse de que nadie les molestara, se tomaron todo el tiempo necesario para robar el banco. Había miles de cajas entre las que elegir, y les dio tiempo para revisar algunos cientos; lo que consideraban que merecía la pena lo metían en bolsas de plástico selladas que colocaban en unas balsas. Tenían el tiempo suficiente para elegir la mercancía, sin prisas ni agobios.

Transportaron su botín en estas balsas, que flotaban en el agua del alcantarillado y las llevaron hasta donde les esperaban otros miembros del grupo que ocultaron el material. Se pasaron todo el fin de semana en el interior de la Cámara acorazada y no se fueron hasta que el banco estaba a punto de abrir sus puertas. Los primeros en llegar el lunes por la mañana fueron los empleados del banco, los segundos fueron los policías, que hicieron un agujero en la cámara sellada y descubrieron el “revoltijo” que los ladrones habían dejado. El botín de 60 millones de francos que se llevaron lo convirtió en el mayor atraco a un Banco de toda la historia. «Sin armas, sin violencia, sin odio» fueron las famosas palabras que dejó escritas en una pared del banco.