Más de 20 iglesias y parroquias de Cantabria han sido profanadas desde que el Gobierno central decretó el estado de alarma. Los sacerdotes de los templos afectados creen que los ladrones, que al parecer ven en el confinamiento un nuevo negocio, son los mismos, ya que el ‘modus operandi’ se repite en todas las escenas: revientan la puerta, desordenan la sacristía, abren cajones y se llevan lo poco que queda en el lampadario y el cepillo. «No deben de estar al tanto de las noticias. Hace un mes que no oficiamos misa para fieles, así que no van a encontrar nada de recaudación», señala Daniel de las Cuevas, párroco de las iglesias de Ontoria y Mazcuerras, ambas desvalijadas.

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