Ni siquiera una cerrajería se le resiste al ladrón. En plena madrugada fuerza la persiana, se marcha, espera unos minutos para comprobar que no salta la alarma y regresa colándose en el negocio. Una vez dentro se toma su tiempo para abrir cajones, mirar la caja registradora y buscar en el fondo de los armarios hasta que encuentra su botín, una pequeña caja con mil ochocientos euros. Así van haciendo la ronda nocturna por el barrio de Sant Antoni, en Barcelona.

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