Un futbolista convocado para jugar con su equipo es sinónimo de casa deshabitada, el cóctel perfecto para que las bandas de delincuentes asalten las casas de lujo que los jugadores ostentan y llevarse así un suculento botín. El último en sufrir un atraco fue Álvaro Morata. El delantero se encontraba disputando el partido entre España e Islas Feroe y los ladrones aprovecharon la ausencia para entrar por la fuerza y armados a su domicilio. El susto fue mayúsculo.

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