El Tarta, como es conocido José Manuel Espada Prieto por su tartamudeo, dejó su Tokarev, con la marca y el número de serie borrados sobre la mesita de noche de la habitación del hotel. Montada, con un proyectil en la recámara. Había hecho la reserva a nombre de una mujer el pasado 17 de mayo y se durmió profundamente. Horas más tarde, de madrugada, un grupo especial de los GEO de la Policía Nacional irrumpía en ese B&B de Getafe (Madrid) y le ponía las esposas en la cama.

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