Un español residente desde hace 30 años en América Latina estaba este verano en Barcelona, su ciudad de origen. Fue a comer a un café detrás de la catedral hacia las 16.00. “Un hombre se sentó cerca de mí y sin yo verlo se llevó mi mochila, con todo dentro. Dos minutos después me di cuenta. Una chica que trabajaba cerca me dijo que era un tipo que rondaba a menudo”, explica a este periódico.

LERR MAS: El Pais