El polígono Marconi amanece, atardece y anochece vacío de prostitutas. Y la calle de la Montera. Y la Gran Vía. Desde hace décadas se esperaba una noticia así, aunque no por un «toque de queda». Porque el estado de alarma en el que está sumido el país por el coronavirus ha acabado incluso con el negocio de la esclavitud sexual, al menos el callejero. Así lo confirman distintas fuentes policiales, que corroboran un descenso generalizado de la delincuencia en la capital, mas siguen existiendo ciertos delitos.

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