Parecían abrazos y caricias. Las mujeres, jóvenes, simpáticas, bien vestidas y mimetizadas con el ambiente paseaban por las calles de Marbella. De repente, se acercaban a algún hombre mayor para preguntarles alguna dirección o pedir ayuda mientras se mostraban cariñosas. Las víctimas, que generalmente superaban los 80 años, no sabían que era una artimaña para robarles el reloj, la cartera o algún otro objeto de valor.

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