Londres se ha convertido en el nuevo «Salvaje Oeste» con la única diferencia de que los nuevos forajidos no van a caballo, sino en ciclomotores. Subidos en sus monturas, y a veces utilizándolas como arietes, cada día cometen sesenta atracos en la capital británica. Su modo de operar suele ser siempre el mismo: obligan a bajarse del coche a sus víctimas golpeando la ventanilla con un martillo y después roban todos los objetos de valor. Hace dos días, unos enmascarados le quitaban la cámara a un equipo de la televisión australiana a punta de pistola.

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