La ciudad, curiosamente, se llama Fortaleza, pero allí se perpetró el mayor robo a un banco en Brasil y uno de los mayores delitos patrimoniales del mundo.

Ese lunes de Agosto del año 2005, cuando abrió el banco emisor de Brasil, las autoridades se sorprendieron al ver que el dinero había desaparecido por arte de magia durante el fin de semana. Un túnel permitió llegar hasta la otra manzana, en la Calle 25 de Marzo, donde un pequeño local comercial sirvió de base a los ‘topos’. Por su parte, los guardias que se encargan de la seguridad de la entidad bancaria afirmaron que ellos se limitan a vigilar la parte exterior del banco y que no podían imaginar lo que estaba pasando bajo tierra.

Inicialmente se estableció la  escandalosa cantidad del dinero, sacado de cinco cajas de seguridad, abiertas con sopletes, taladros y otras herramientas que dejaron dentro del banco. Se accedió desde abajo rompiendo la base, una capa de acero reforzado de 1,1 metros de espesor, sin que nadie de percatara.

Inmediatamente se establecieron las dimensiones del túnel: de 89 metros a cuatro metros de profundidad y de 70 centímetros de alto. Estaba soportada por 900 listones de madera y plásticos, con iluminación y aire acondicionado. Una perfecta obra de ingeniería. En el local, se utilizó cal para borrar las huellas.

Los investigadores notaron que todos los billetes eran de 50 reales, usados, y que iban a ser sacados de circulación. El banco le dijo que no estaban relacionados por esa razón y que, por lo mismo, no se podía conocer el seriado de los billetes. Gente del banco, y no solo de seguridad, fue cómplice del robo. Los ladrones se llevaron 3 millones de billetes que pesaban 3,5 toneladas.

El popular investigador brasileño Dos Santos dio a conocer que un hombre llamado Paulo alquiló un local, pintado de verde, para instalar allí una empresa de venta de grama sintética. Con unas ocho personas dedicadas, sacaban tierra a diario en una furgoneta blanca, sin levantar algún tipo de sospechas. Trabajaron desde marzo y el viernes 5 de Agosto por la noche, tras el cierre de la entidad, entraron al banco.

Tres días después de descubierto el robo, con Dos Santos alertando a todo el país, cayeron los dos primeros implicados. Hicieron compras ostentosas y pagos en efectivo con billetes de 50 reales. Así el investigador comenzó su tarea, y fue llegando a muchos involucrados, estableciendo que eran tres grupos de bandas, dos de São Paulo y uno local, de Ceará.

Entonces, se generó una cadena de amenazas, secuestros, muertes y hasta suicidios con los implicados y sus familiares.

El investigador supo que la idea surgió por dos vigilantes de una empresa transportadora de valores del banco. Fue dada a Alemão, el líder ejecutor del golpe, que visitaba Fortaleza para otro trabajo al margen de la ley.

La Justicia Federal de Ceará condenó por lavado de dinero a 11 personas involucradas en el robo al Banco Central de Fortaleza. Uno de los condenados es Antonio Jussivan Alves do Santos, conocido como “Alemão”, líder de la banda que planeó y llevó a cabo el robo. Él fue condenado a 80 años de prisión en régimen cerrado por el delito de lavado de dinero, pero ya está cumpliendo una sentencia de 35 años por robo, asociación para delinquir y uso de documento falso.

Entre los bienes del cabecilla de la banda delictiva se encuentran casas –incluyendo un inmueble en su ciudad natal, Boa Viagem, en el interior del estado de Ceará–, haciendas y gasolineras, además de coches, motocicletas y una lancha.

Invirtieron unos 65 mil dólares en su trabajo. El Inspector  Dos Santos expresó que hubo 120 investigados, 36 con participación directa, 50 condenados y 11 absueltos. Y, de diversa manera, se recuperó un tercio del dinero, explicando que el desplazamiento de muchos de los ladrones a otros estados dificultó su captura. No obstante, la investigación resultó en 28 procesos penales involucrando a 133 acusados.