Pasaban cinco minutos de las 16.00 horas de ayer cuando el jefe de un establecimiento al que supuestamente robó en varias ocasiones lo vio pasar. Llevaba gorro, chándal y sujetaba una bicicleta mientras encendía un pitillo. Se paseaba lentamente por la carretera mirando de medio lado, consciente de que desde la acera lo estaban siguiendo con la mirada. Con el sosiego de saberse a salvo a pesar de las muchas denuncias que recaen sobre él, se sube a la bicicleta y gira para un aparcamiento con la intención de buscar plaza de gorrilla, que se le niega.

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